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Europa

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Manifiesto cero. Inicio de la supervivencia

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pulgares europeosCada día sobrevivo a la ignorancia. Me pisa los talones, pero estoy en forma y trato de correr más rápido. Cualquier momento lo veo una oportunidad para aprender una palabra nueva. Escuchar a alguien que te enseña lo desconocido es uno de los mayores placeres que he experimentado. Y otras veces, de la forma más inesperada descubro sin ayuda lo que estaba frente a mis ojos y que jamás había reparado en ello.

Algo parecido a esto último me ocurrió en 2007, cuando aterricé en Bruselas, un poco por casualidad (como siempre se ha desarrollado mi vida) y donde el destino quiso que empezara a trabajar en un periódico que informa sobre la actualidad de la Unión Europea. Me resultó fascinante que, viniendo de una facultad (la de Periodismo de la Complutense) en la que nos pegábamos por ganar al Trivial y había la mayor concentración de resabidillos por metro cuadrado de toda la comunidad universitaria, no tuviera yo ni la más remota idea de todo lo que se decidía desde aquellos edificios de la Plaza Schuman y que tanta repercusión tenía en las vidas de los españoles.

A partir de esta experiencia laboral, cada vez que he tenido la posibilidad de explicar a cualquiera, que no me bostezara más de dos veces en cinco minutos, de qué trata el proyecto europeo y por qué es importante conocerlo, la he aprovechado como si me llevara una comisión por ello.

Yo sobreviví al Eurodesconocimiento con 22 años. Hoy en día, con mi treintena recién estrenada, me resulta sorprendente que haya gente de mi edad, que no sabe nada de lo que se cuece en ese enredado y burocrático Ente que nos gobierna desde Centroeuropa, y al que pertenecemos hace casi tres décadas. Es justo reconocer que hubo cierto interés cuando se desató la crisis, pero lo que ocurrió es que nos tocaron el bolsillo; nos dimos cuenta de que los recortes y ejercicios de ahorro que nos habían impuesto provenían directamente de un equipo de personas que se hacía llamar La Troika, pero que no sabíamos ni quién les había puesto ahí, ni por qué mandaban tanto.

Y entonces, llegaron todas esas preguntas: ¿por qué nos obligan a cumplir ciertas leyes?, ¿quiénes son ellos para decidir sobre nuestros impuestos?, ¿por qué tenemos que cumplir con un porcentaje de déficit?, ¿cómo es que un tribunal ajeno a nuestras fronteras defiende a un etarra?, ¿en base a qué el Gobierno que votamos los españoles sigue las directrices de la UE en vez de actuar velando por los intereses de España?

Todas estas preguntas y muchas más, tienen su respuesta, no siempre fácil de explicar por la maraña juridica que llevan detrás, pero constituyen la razón principal por la que ha nacido este blog. Ya que cada vez son menos los medios de comunicación de masas españoles que optan por no descodificar para el ciudadano medio las informaciones provenientes del Ejecutivo Comunitario, voy a intentar ofrecer desde mi humilde background -adquirido tras asistir muchos meses a los formalísimos midday briefings y los interminables EU Summits- un análisis de todo lo que vaya sucediendo en la UE y que nos afecta directamente a los españoles.

No pretendo cambiar el mundo, porque es imposible y, además, creo que ya no me da tiempo. Pero quiero al menos aportar un miligramo de contrapeso a la gran balanza que soporta a aquellas personas que reivindican estar informadas y quieren entender qué ocurre en el núcleo del Viejo Continente y por qué provoca a veces, incluso un efecto mariposa en España. Todos tenemos derecho a decidir si queremos pertenecer a la UE o si estamos de acuerdo con las políticas que imponen, pero es imposible sentirse comprometido con una lucha (en cualquiera de los bandos) si se parte desde el desconocimiento.

Bienvenido a la densa telaraña politico-económico-lobbística que une nuestra Patria con el proyecto europeo. Espero que aquí consigas sobrevivir al Eurodesconocimiento, que ya después habrá tiempo para elegir el juego de palabras que más se nos adapte, si ser un euroescéptico o un europeísta.

Mientras tanto, comprende, infórmate, pregunta y, sobre todo, duda de todo y de todos, también de mis artículos. Y si después, todavía te sientes comprometido, actúa. Haz que tu aportación a esta sociedad valga la pena. Habrás sobrevivido -un poco- a la ignorancia.